lunes, 19 de febrero de 2007

Los desnudos irrumpen sin ningún complejo en los teatros de BCN

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Plataforma' y 'Cantando desnudos' se suman a las propuestas de Carles Santos y Albert Pla

"No tenemos la intención de excitar a nadie", aclara el director del musical norteamericano

Has conseguido que te miremos a los ojos", le soltó Pedro Ruiz a la actriz Belén Fabra, que deambula alucinada por la Plataforma de Calixto Bieito sin más ropaje que unos afilados tacones. "Llevas el vestido más bonito y el más difícil de llevar", fue otro de los piropos a su etérea interpretación en la adaptación de la novela de Michel Houellebecq.

La exhibición corporal le ha supuesto a la actriz "una terapia de choque", asegura, tras ciertas reticencias iniciales: "Yo tenía muchas manías con mi cuerpo, mucha timidez y lo he vivido como una liberación. Hay días que preferiría llevar algo de ropa, pero cuando salgo me olvido y me viene un subidón de energía. Me relaja ver que la gente no se incomoda ni resulta agresivo". Fabra admite, no obstante, que a su abuela no la quiere ver en la sala: "Sería duro para ella, sé que sufriría y prefiero que me recuerde en el teatro de otra manera".

Bieito, enfant terrible de la escena europea, lleva ya años azuzando las plateas con arriesgadas propuestas que él no considera provocadoras, y que en muchos casos asocia a referencias pictóricas. "Mis desnudos --justifica-- siempre han obedecido a crear una atmósfera o dar una sensación al público. Se ha repetido muchísimas veces en el arte, ¿por qué no en la escena? Si La maja desnuda no resulta provocativa, tampoco debería serlo en el teatro".

Un elemento poético

El director matiza que él no ha utilizado la desnudez como elemento erótico, "que también sería hermoso, sino poético". Pero aun así, escenas como el desnudo colectivo de su ópera Wozzeck han soliviantado a algunas retinas: "En Madrid hubo bastante polémica. Es ridículo; era una imagen también muy pictórica, un canto al cuerpo humano", sostiene Bieito, que reconoce el mayor impacto emocional del teatro respecto de otras artes. "Mi padre cuando vio La casa de Bernarda Alba, en que aparecía una trapecista sin ropa simulando una mujer-campana, como símbolo del maltrato, me dijo que se había asustado y emocionado mucho. Eso es lo que yo pretendo: que mis imágenes sean muy reales y provoquen emociones. En su día los cuadros de Rubens también serían fuertes".

Mientras el cuerpo de Belén Fabra se desliza por el escenario del Romea, en el Teatreneu ocho actores interpretan a pelo el musical Cantando desnudos. El título no miente. Robert Schrock ideó el montaje con calculada avidez: "Buscaba un éxito para llenar mi teatro, de orientación gay, y pensé: qué puede triunfar. ¡Un musical y chicos desnudos!". Tras siete años de permanencia en salas de EEUU, con algunas broncas y bajadas de telón --"muchos ven bien que aparezcan mujeres sin ropa, pero cuando se trata de genitales masculinos, ¡no!"--, ha llegado a Barcelona el "definitivo espectáculo sobre la desnudez", una sucesión de canciones y gags sin más pretensión que divertir al público. "Al final de la función, la gente me dice que no es lo que esperaba. ¿Querían pornografía y erecciones? Pues no", dice.


El full monty del musical no busca entonar libidos, aclara Máximo Hita, director de la versión española: "Los que quieran ver un desfile de cucas se irán a otro sitio, que ya los hay. Aquí los actores son tan divertidos que al minuto les estás mirando la cara y olvidas que están, el 90% del tiempo, en pelotas. No tenemos la intención de excitar a nadie, ni hemos pretendido erotizar el cuerpo".

Schrock ha sido testigo de la "gran revolución" del destape escénico en la última década. "Ha cambiado muchísimo, está mucho más aceptado, se ha ido normalizando", sostiene, aunque aún hay "algunos fundamentalistas para los que ver un pene derrumba sus creencias". El suyo también se vio, hace ya lustros: "Es una experiencia liberadora. Tras actuar desnudo, piensas que ya puedes hacer cualquier cosa. Te engrandece". Pero no todos los profesionales aceptan sin reparos exhibir sus cuerpos, cuenta, y algunos de los elegidos para su show acabaron claudicando al qué dirán.

No fue el caso del catalán Toni Vinyals, uno de los que dan el do de pecho en el Teatreneu: "El hecho de que la desnudez forme parte del argumento y salga en el título hace que te lo pienses más, por las connotaciones eróticas, el estriptís, pero cuando conoces el material y al director, se te quitan las dudas". Su madre le ayudó a decidirse: "Me dijo: 'Si te lo vas a pasar mal en el escenario, no te metas, pero si el proyecto te gusta, salir desnudo es lo de menos'. Esta es una manera de pensar muy sana".

Esencia humana

Para Vinyals, la oleada naturista en las plateas obedece a una reivindicación del contacto con el cuerpo. "Es una manera de contrarrestar la lejanía de las sociedades avanzadas respecto del cuerpo. De ahí el auge de las terapias de contacto corporal, de respiración...". Frente a la orgía tecnológica y multimedia, algunos creadores buscan la esencia del ser humano.

Desnudos recibían a la concurrencia los dos actores de El joc i l'engany en el pequeño Espai Brossa. Y de esa guisa conversaban sobre la reproducción humana en un montaje de Iago Pericot sobre la comunicación entre dos seres a través del cuerpo. "El desnudo ya no resulta transgresor, ahora se hace con más naturalidad y además el público va más informado a ver las obras, sabe lo que va a ver", declara el crítico teatral Gonzalo Pérez de Olaguer, que recuerda la polvareda que levantó en 1975 el estreno de Equus en el teatro Barcelona.

Hoy la piel, exhibida sin contemplaciones, se extiende por todas las disciplinas y llega incluso a los conciertos-espectáculos, como los que el irreverente Albert Pla ofrece acompañado por una actriz y disc jockey desnuda, Judit Farrés.

En la danza contemporánea, la metáfora de ir rasgando capas hasta llegar a la piel cobra todo su sentido con la exhibición corporal. "Incluso también en el ballet clásico, cuantas más partes del cuerpo se vean, mejor. El cuerpo, la musculatura, forma parte de la performance. Es un medio de expresión en sí solo, aparte del movimiento", declara la coreógrafa Sol Picó, para quien "ha desaparecido el morbo de la desnudez; cada vez impacta menos".

El polifacético Carles Santos también incluye un desnudo --una actriz como contrapunto a una cantante vestida-- en su última propuesta escénica, El fervor de la perseverancia, de gira por Catalunya. "Intenté que no se notara que estaba desvestida y lo he logrado. El trabajo tiene tanta fuerza que nadie al final se plantea que no lleva ropa". El músico reconoce que, en cuestión de voyeurismo, los hombres andan en pañales respecto de las mujeres. "Para ellas, ver hombres desnudos es natural, mientras que aún hay miradas masculinas que buscan una lectura complicada. Yo reivindico la naturalidad de la belleza, no pretendo ser provocativo y quien lo crea es que tiene algún problema con su sexualidad".

Mercantilismo

Lo mismo opina el autor y director Roger Bernat, artífice de Flors, Tot és perfecte y Das paradies experiment, a quien lo que le "preocupa es que se utilice el desnudo de forma mercantilista para vender entradas y se pierda el respeto". A él, por otro lado y según escribe en un artículo, le "importa un carajo saber la razón por la cual los actores se desnudan y si lo hacen más que antes". "Atónito" por el mero planteamiento del nudismo escénico, considera que "los que se escandalizan por ver cuerpos es que son unos burgueses malcriados". Y aboga por una mayor presencia fálica en los escenarios: "Lo que hay que cuestionarse es por qué el 95% de los desnudos de la historia del arte son de mujeres, y solo un 5% es masculino; y por qué en el cine y en el teatro pasa lo mismo. Hay que pedir paridad".

Más información en
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=381225&idseccio_PK=1026


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