domingo, 22 de abril de 2007

El morbo de ver desnudo al «pueblo»

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En cueros. Hasta al telefonista del ayuntamiento de Lepe, invidente, se le han debido de saltar los colores al saber que María Dolores Jiménez, la teniente alcalde del municipio, la vecina «simpática y agradable» que siempre da los buenos días cuando entra en el consistorio, circula en cueros por los 40.000 quioscos y librerías que hay en toda España. El desnudo de la política lepera del PP es sólo la última expresión de un nuevo fenómeno consistente en quitar la ropa a personas sin aparente interés mediático pero cuyos pechos venden tanto como los de Elsa Pataky o Anne Igartiburu. Ultimamente por el escaparate predilecto de quienes gustan de mostrar sus vergüenzas, Interviú, han desfilado dos judokas vizcaínas, Ana María Ríos -la española de Cancún-, el equipo femenino de fútbol de Navalcarnero, el masculino de balonmano de Almoradí, una azafata de Air Madrid, Evangelina Carrozo -la activista de Greenpeace que se coló con un cartel reivindicativo en la cumbre de jefes de estado de Viena-, ocho ciclistas de La Vuelta, la nieta de Gila...

Es lo que algunos expertos califican como una reedición del destape pero en versión de calle. «Asistimos a un segundo destape pero con la singularidad de que ya no se desnudan sólo las actrices atrevidas, los súper guapísimos, sino que lo hace la gente más común. Es la socialización del desnudo», explica Pedro López Anadón, sociólogo y abogado, autor de El desnudo al desnudo, el único título sobre la materia en castellano.

Interviú aparte, esta democratización del destape parece haber elegido, sobre todo, forma de calendario. En ellos se han dejado ver, por ejemplo, los fornidos jugadores de rugby sevillanos del Monte Ciencias, desvestidos para recaudar dinero para una gira por Argentina; los falleros de Xirivella que no encontraron mejor modo de financiar la insonorización de su local; los bomberos de Bilbao, de Vigo, de Murcia y de Santiago de Compostela, éstos últimos para enviar a un compañero a las Olimpiadas de los apagafuegos; los alumnos de Químicas de Oviedo para costearse el viaje de fin de carrera, y los de Medicina, y los de Comunicación de la Autónoma de Barcelona; el cuerpo de policía municipal de Fuenlabrada por el tsunami, la selección femenina de curling... ¿Queda alguien que no se haya desnudado por ahí?

«Es el triunfo de la banalización y la liberación del desnudo», explica el filósofo Alfredo Martínez, estudioso de la antropología del cuerpo, «se han rebajado los límites de pudor y de censura y ha surgido una cierta conciencia de propiedad de nuestro cuerpo, se impone el "mi cuerpo es mío y hago con él lo que me da la gana"».

Hay quien, puestos a hurgar en los orígenes de esta fiebre por la desnudez, se remontan a 1997, cuando una película protagonizada por seis desempleados británicos que deciden hacer un striptease para ganarse la vida puso de moda el lema «en cueros por una causa justa». «Full Monty fue el detonante», dice la psicóloga y sexóloga María Pérez Conchillo, «el desnudo comenzó a verse no como algo ofensivo sino reivindicativo y se puso de moda aquello de "vamos a hacer un full monty"».

El éxito de convocatoria de Spencer Tunick, el fotógrafo que llama a la gente a desnudarse masivamente ante su cámara, es otra evidencia de que quitarse la ropa se ha convertido en un pasatiempo transgresor. Sólo en Barcelona, en 2003, reunió a 7.000 personas. Incluso hay quien ha echado mano de la lupa para fisgar en las imágenes por satélite que ofrece el portal google earth en busca de desnudos anónimos. En el top ten, muy exitoso, figura una señora pillada en bolas en su terraza o una pareja cazada en la cubierta de su barco. Y qué decir de los streaker, que buscan la fama exhibiéndose, en eventos deportivos básicamente.

Con todo, el fenómeno tiene dos caras. Están los que enseñan pero también son muchos los que miran. ¿Por qué venden tanto los desnudos de desconocidos? «Todos somos mirones por naturaleza y nos encanta compararnos con nuestra amiga, con el vecino», dice Pedro López Anadón. «El hecho de que sean anónimos genera en la gente una especie de cercanía, les hace pensar que no hace falta ser vedette para estar en la portada de Interviú, que ellos también podrían estar ahí», explica Jesús Micó, fotógrafo artístico autor de numerosas imágenes de desnudos, quien ve en esta epidemia un apéndice más de la llamada telebasura. «Estamos en una sociedad en la que, por encima de todo, se promociona que conseguir relevancia mediática es el valor supremo. ¿Y cuál es la forma más rápida de hacerlo? Yendo a los instintos más primarios de la condición humana: pegar gritos en el plató, destrozarse a base de argumentaciones bajas o enseñar el cuerpo».

La concejal del PP, María Dolores Jiménez, ha sido la última «desconocida» que se ha desnudado en «Interviú». / El fenómeno de los desnudos de gente anónima se ha puesto de moda, sobre todo en forma de calendario. / Los expertos hablan de un segundo destape, esta vez protagonizado por la gente de la calle.

Más información en
http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2007/599/1177192812.html

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