domingo, 30 de septiembre de 2007

Isabelle Caro, el dolor desnudo

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La modelo anoréxica de la polémica campaña, parisina de 26 años, sueña con ser actriz y envidia la libertad de los pájaros

El abuso de los gurús publicitarios que se creen dioses de la valla y el spot ha hecho famosa a una modelo elegida no por sus cualidades, sino por su enfermedad. Isabelle Caro puso sus lacerantes 31 kilos y su atormentado 1,65 de estatura frente a la cámara siniestra de Oliverio Toscani bajo los auspicios de una marca de ropa y envuelta por el cínico argumento de ser una campaña contra la anorexia. A sus 26 años, esta modelo parisina residente en Marsella, de book más bien escaso y con blog propio, en el que da algunas claves sobre su vida y obra, protagoniza uno de los episodios más deplorables que ha vivido el mundo de la publicidad desde que el mismo Toscani se sirviera del dolor un hombre agonizante por el sida para promocionar una colorista marca de ropa.

La bitácora de la modelo, llamada simplemente Isabellecomedienne, permite saber que la muchacha es una apasionada de la naturaleza y los animales. Sobre todo, los pájaros: «Representan mi ideal de libertad». También es una enamorada de la pintura -incluso vende cuadros a los turistas por el verano en la Costa Azul-, le gusta leer, los documentales de naturaleza, el cine y, por encima de todo, el teatro. Ha participado en algunas obras y cortometrajes y, rastreando en su escueta biografía, se pueden encontrar huellas de su afición por la música (ha tocado el contrabajo en algún que otro concierto) y por el patinaje artístico.


El espejo de Isabelle se rompió cuando sólo tenía 13 años: su anorexia, surgida en una infancia «muy difícil de vivir», alcanzó el límite cuando llegó a pesar 21 kilos. Nacida en París, Isabelle se fue, o huyó, a Marsella para poner tierra de por medio con sus padres y mantener «una relación más neutra». En el infierno hay espacio para la ilusión: «Sé que voy a curarme porque amo la vida y la riqueza del universo y creo en esta vida más que en cualquier otra cosa». También hay espacio para pensar en su futuro: una entrevista a la versión italiana de la glamourosa «Vanity Fair», una aparición en la televisión pública francesa, un libro en el que relatará su experiencia... Trabajo no le faltará ahora que su desnudez dolorosa ha dado la vuelta al mundo para vestir una firma comercial con unas imágenes que supuran morbo. Ella no se siente utilizada: «Espero que haga reaccionar a las jóvenes sobre el peligro de esta enfermedad», desea Isabelle. Es más: tenía «ganas de asustar» con el fin de «decir que es la muerte lo que nos espera».

Isabelle sueña con cambiar las vallas en las que se posan las miradas perplejas e incómodas de los extraños por las tablas donde la palabra ajena le haga sentir su propia vida. Actriz más que modelo. Reflejo más que ejemplo. Su obsesión por hacer feliz a su madre la llevó a declarar la guerra a su cuerpo. ¿Y ahora? «Ahora», confiesa, «he estado escondida demasiado tiempo. Ahora quiero mostrarme sin miedo, aunque me repugne mi cuerpo. El sufrimiento psicológico y físico que he sufrido sólo tendrá algún sentido si puede servir de ayuda a quien ha caído o tiene la tentación de caer en la trampa de la que yo estoy intentando salir».

Y en ese túnel empieza a verse una luz distinta, aunque distante aún: «Como muy poco, casi nada, pero he dejado de vomitar. Empiezo a distinguir el sabor de las cosas. He probado un helado y estaba buenísimo». Tal vez le supo a esperanza.

Más información en
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1776_50_562580__Ultima-Pagina-Isabelle-Caro-dolor-desnudo

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